San Sebastián 2023 | Mutilarse para saber si es ‘match’: así es la técnica del amor que propone ‘Fingernails’

Christos Nikou dirige a Jessie Buckley, Riz Ahmed y Jeremy Allen en una anti-‘rom com’ retrofuturista que compite por la Concha de Oro.

Fingernails

Las uñas, al parecer, reflejan nuestro estado de salud, pero lo que nadie podía haber imaginado es que, quizá, podrían ser también barómetro de nuestros sentimientos, del amor (romántico) que profesamos a nuestra pareja. A falta de que alguien descubra que, en efecto, es así, el director griego Christos Nikou lo ha imaginado en su película Fingernails.

En su primera incursión en el cine internacional, Nikou (Apples, 2020) vuelve su mirada hacia un pasado más o menos cercano para reflexionar sobre la naturaleza del amor a través de una historia tragicómica sobre las relaciones íntimas y las dificultades para expresar nuestros sentimientos. Esto te va a doler es la historia de Anna, comprometida con Ryan y segura de sus sentimientos después de ‘haberse hecho la prueba’ y que diera positivo en amor. Cuando entra a trabajar en el Instituto del amor, centro de ‘reeducación’ sentimental, conoce a Amir y comienza a dudar.

‘Fingernails’: qué dice la crítica sobre la película

Resulta imposible no pensar en Langosta, de Yorgos Lanthimos, a la hora de acercarse a Fingernails. Mismos tonos otoñales y una similar visión de las relaciones sentimentales las unen. No obstante, aunque las bromas y cierta violencia a cuenta de las taras emocionales de los protagonistas de la película puedan invitarnos a realizar esa comparación, Christos Nikou, en realidad, sí cree en el amor.

Anna (Jessie Buckley) también cree. No solo eso, es una romántica empedernida que se desgatiña cantando Bonnie Tyler y adora el cine de Hugh Grant. En Fingernails nos encontramos en algún momento de mediados de los 90, pero la moqueta y la madera que decoran las casas y las oficinas podrían retrotraernos a mucho antes, cuando el sueño de los smartphone era apenas un esbozo.

Estas coordenadas le sirven a Nikos para situar una anti ‘rom-com’ en la que existe una tecnología pedestre (nunca mejor dicho) para averiguar si una pareja está de verdad enamorada: mediante un estudio físico-químico, las uñas de las manos permiten conocer si tu pasión está al mismo nivel que la de tu pareja. La neurosis por esta prueba ha provocado que todo el mundo confíe únicamente en este test para conocer el estado de su enamoramiento, provocando, con ello, una brecha aún más grande en las relaciones interpersonales.

Pero, una vez has logrado el ansiado positivo con tu pareja, ¿valida ese test para siempre una relación? No es un interrogante baladí y es el que atormenta a la protagonista, en un mar de dudas sobre su relación de pareja con Ryan (un carismático Jeremy Allen) desde que ha entrado a trabajar en el Instituto del Amor y ha conocido a Amir (Riz Ahmed).

Con un tono tragicómico, asentado en un diseño de producción medido y con no pocos guiños de carácter cómico, además de en la química entre sus protagonistas, Nikou logra una comedia romántica inusual, seductora y que, como las más paradigmáticas obras del género, se interroga sobre los dilemas clave del sentimiento amoroso: ¿qué es el amor: el enamoramiento, el cariño, la pasión o la estabilidad? La película no ofrece respuestas y seguiremos dando vueltas sobre ello hasta el fin de nuestros días, pero ojalá no tengamos que recurrir a nuestras uñas, como aquí sucede, para dar de una vez con la respuesta.