Cine

Oscar 2026: ¿El canto del cisne de Warner Bros. o su regreso triunfal al trono?

El estudio no levanta el premio mayor desde Argo (2012), pero este año llega a la temporada con dos pesos pesados: Paul Thomas Anderson y Ryan Coogler. Entre récords posibles y la sombra de la venta a Netflix, la Academia tiene en sus manos una decisión que huele a política y justicia poética.

10 de marzo de 2026
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Ha pasado más de una década desde que Ben Affleck subió al escenario para recoger el Oscar a Mejor Película por Argo. Desde aquel 2012, Warner Bros. ha visto cómo la estatuilla dorada se le escapaba de las manos año tras año, víctima de una tendencia que privilegió a las producciones independientes o a los relatos de nicho. Sin embargo, el 2025 ha sido el año de la redención creativa para el estudio centenario, logrando ese “unicornio” de la industria: reventar la taquilla y enamorar a la crítica con apuestas de autor.

Irónicamente, este renacimiento ocurre en el momento más convulso de su historia corporativa, con la polémica adquisición por parte de Netflix sobrevolando los titulares. En este contexto, Warner no solo compite contra el resto de Hollywood, sino contra sí misma, con dos producciones que están polarizando las predicciones de los expertos.

PTA vs. Coogler: Dos titanes, un solo estudio

La carrera parece haberse estrechado a un duelo interno entre dos visiones cinematográficas radicalmente opuestas, pero igualmente poderosas.

Por un lado, tenemos “Una batalla tras otra”. Para nadie es un secreto que la Academia tiene una deuda histórica con Paul Thomas Anderson. Con 11 nominaciones a sus espaldas y cero estatuillas, el sentimiento de “es su momento” es casi tangible en los pasillos de Los Ángeles. Su libre adaptación de Vineland de Pynchon no es solo una película; es una demostración de músculo técnico y narrativo que podría, tranquilamente, romper récords de nominaciones si los votantes deciden abrazar su estilo satírico y lisérgico.

Por el otro, emerge “Pecadores” (Sinners). Ryan Coogler ha entregado una pieza de terror original con Michael B. Jordan que ha descolocado a los que esperaban un cine de género convencional. Coogler no solo busca el premio mayor, sino que está en la posición de hacer historia: podría convertirse en el primer cineasta afrodescendiente en llevarse el Oscar a Mejor Director, un hito que la Academia parece ansiosa por alcanzar.

El peligro del voto dividido y el factor “indie”

El gran riesgo para Warner es la matemática pura. En un cuerpo de votantes tan amplio, tener dos contendientes tan fuertes puede provocar una división de votos catastrófica. Si los fans de la técnica de PTA y los seguidores de la narrativa social de Coogler no se ponen de acuerdo, la puerta queda abierta para un “caballo negro”.

Ya lo vimos con Parasite en 2019: cuando los grandes estudios se anulan entre sí, las producciones internacionales o los films festivaleros de estudios chicos (estilo A24 o Neon) suelen dar el zarpazo. Desde el triunfo de Bong Joon-ho, los Oscar se han globalizado y diversificado, dejando a los blockbusters relegados a las categorías técnicas. La excepción de Oppenheimer demostró que el cine épico aún puede ganar, pero no es la regla.

El voto político y el legado de Zaslav

No podemos ignorar el elefante en la habitación: la situación de Warner Bros. Discovery. Con el proceso de venta en marcha, muchos analistas ven en esta premiación una oportunidad para un “voto político”. Premiar a Warner este año sería una forma de que la industria rinda homenaje a un estudio fundacional que, incluso bajo el mando del polémico David Zaslav, siguió apostando por directores con visión propia en una era de algoritmos.

¿Será la victoria de una de estas películas el último gran acto de independencia de Warner antes de diluirse en el gigante del streaming? El próximo marzo lo sabremos, pero algo es seguro: la pelea por el Oscar 2026 es, antes que nada, una batalla por el alma del cine de estudio.