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El Smashing Machine de Johnson: La Roca se destroza el physique para cazar su primer Oscar

El ex-luchador de WWE hizo la de Bale: dejó el músculo blockbuster para ganar 14 kg de peso denso y vulnerable. Con Benny Safdie al mando, A24 ya lo posiciona en la pole position de los premios con el biopic crudo de Mark Kerr.

13 de octubre de 2025

El terremoto ya está en las salas. El estreno de La máquina (The Smashing Machine) no solo es el turn más dramático de Dwayne Johnson, sino que redefine su carrera de una patada giratoria. Bajo la mirada intensa de Benny Safdie (en su primer solo-shot de dirección), Johnson se ha bajado del blockbuster de acción para meterse en el ring de un drama biográfico brutal. La película, producida por la factoría A24 (garantía de prestige y Oscar bait), se centra en Mark Kerr, una leyenda de las MMA cuya vida fue una paliza: gloria deportiva y el infierno de la adicción. El cast se completa con Emily Blunt (sí, la de Oppenheimer), sumando punch a esta historia de alto voltaje emocional.

El Deep Fake de : De Hércules a Kerr

La gran conversación entre insiders es, sin duda, la transformación física y emocional de Johnson. Olvídense del músculo pumped-up de Black Adam. Safdie, según reveló The Rock en el Tonight Show de Jimmy Fallon, fue directo: “D.J., vas a tener que ponerte más grande.” Pero no más grande hollywoodense; necesitaba la musculatura densa, desgastada y de acción rápida de un luchador de MMA con años de grind.

El reto fue épico: ganar cerca de de músculo “funcional” con meses de entrenamiento old-school y una dieta espartana. Johnson se centró en replicar la masa muscular que surge del movimiento repetitivo y el entrenamiento amateur de la lucha, logrando un físico creíble, lejos de las soluciones rápidas y superficiales.

Pero el makeover no fue solo físico. Para que The Rock se borrara y apareciera Kerr, el actor recurrió a 22 prótesis diseñadas por el mago Kazu Hiro, junto con un trabajo exhaustivo de modulación de voz y una inmersión profunda en la complejidad emocional del personaje. En palabras del propio Johnson, fue una “transformación física, emocional y vocal”. El objetivo era claro: ir más allá del acting y convertirse en el luchador.

La Bendición de Venecia y el León de Plata

La colaboración entre Johnson y Safdie no es nueva (ya trabajaron juntos en Lizard Music), pero La máquina es el verdadero game changer. Es la primera vez que Benny dirige sin su hermano Josh (Good Times, Diamantes en bruto), y el resultado ya tuvo su recompensa en el Festival de Cine de Venecia 2025, donde se llevó el León de Plata a Mejor Dirección.

Tras el screening, la película cosechó una ovación de minutos, un termómetro infalible en el circuito festivalero. Ver a Johnson, visiblemente emocionado, confirmaba que esta apuesta personal valió cada gota de sudor (y cada gramo de músculo ganado).

A24: Sin filtros ni happy endings

El guion de Safdie se aleja de los biopics edulcorados que Hollywood suele ofrecer. Aquí, la adicción, la codependencia y las relaciones personales rotas de Kerr durante su apogeo en la UFC de los ’90 y 2000 son abordadas sin vaselina. La película no teme mostrar las batallas internas de un hombre que era un dios en el octágono, pero que fuera de él, luchaba con la dependencia a sustancias y el acoso de la fama.

Emily Blunt interpreta a Dawn Staples, la exesposa de Kerr, aportando una capa vital de codependencia, amor y búsqueda de autonomía. Su rol es clave para entender las tensiones de las relaciones bajo la presión extrema que vivía el luchador, elevando la narrativa por encima del simple drama deportivo.

Este reset en la carrera de Johnson es una respuesta directa a la tibia recepción de su último intento en el universo de superhéroes (Black Adam). La máquina no es solo un papel; es una declaración de intenciones: buscar películas que “trasciendan el entretenimiento, que reflejen el dolor y los conflictos de personas reales”.

Con La máquina, Johnson y A24 se arriesgan con una narrativa cruda que prioriza la vulnerabilidad y la autenticidad, no la taquilla garantizada. La apuesta ya está generando un ruido ensordecedor en la temporada de premios. El actor se ha posicionado, de manera inesperada pero contundente, como el favorito a batir para el Oscar, gracias a una interpretación que finalmente le exige más que solo romper cosas en pantalla.