Cine

El eterno retorno: Ridley Scott redefine el fin del mundo con ‘The Dog Stars’ y Jacob Elordi a la cabeza

A sus 88 años, el director de Blade Runner vuelve a la ciencia ficción postapocalíptica, pero cambia el chip: esta vez no hay distopías oscuras, sino una dosis de luz y esperanza tras el colapso.

6 de julio de 2026
.

Hay directores que no saben lo que significa la palabra “jubilación”, y Ridley Scott es el jefe de todos ellos. A sus 88 años y con una batería que parece no agotarse nunca, el realizador británico ya calienta motores para el estreno de The Dog Stars. Esta ambiciosa producción, basada en la aclamada novela de Peter Heller, tiene su debut fijado para el 28 de agosto. Para el plato fuerte, Scott armó un combo actoral que es puro fuego: Jacob Elordi, Margaret Qualley, Josh Brolin, Guy Pearce y Benedict Wong. Lo interesante acá es el giro de timón: olvidémonos de la opresión estética de Blade Runner o el terror claustrofóbico de Alien; esta película busca patear el tablero del género postapocalíptico explorando la esperanza y la reconstrucción emocional en un planeta devastado por una pandemia.

Sobrevivir al virus: Cuando la resiliencia le gana al caos

La trama de The Dog Stars nos sitúa en un mañana que se siente peligrosamente cercano, donde un virus fulminante barrió con casi toda la población mundial. El protagonista de esta travesía es Big Hig (interpretado por Jacob Elordi), uno de los pocos tipos inmunes que quedan en pie. Hig pasa sus días atrincherado en una base aérea abandonada en las Montañas Rocosas de Colorado, y sus únicos cables a tierra son su perro Jasper, una vieja avioneta a la que llama cariñosamente “la bestia”, y Bangley (Josh Brolin), un exmarine con el gatillo fácil. Este trío es una radiografía perfecta de las distintas formas de procesar el trauma colectiva: mientras uno busca afecto, el otro desconfía hasta de su sombra para protegerse de los “Segadores” (Reapers), los saqueadores de turno.

Lo que le va a gustar al público más cinéfilo es que Scott decidió esquivar el manual clásico de Mad Max. En lugar de regodearse en el sadismo, la violencia y los autos oxidados, el director usa las ruinas de la civilización como un lienzo para hablar de superación. El propio Ridley confesó que, después de décadas de pintar futuros grises y cínicos, esta vez sintió la necesidad de inyectar optimismo. En un mundo donde todo escasea, la verdadera odisea de los personajes es encontrar una conexión humana real, un mensaje que busca tocar una fibra íntima en la audiencia actual tras las crisis globales que nos tocó vivir.

Un elenco coral en un apocalipsis de pantalla panorámica

La propuesta visual y actoral es otro de los puntos fuertes que se aleja de los clichés del género. Al tándem Elordi-Brolin se le suma Margaret Qualley en la piel de una médica que intenta encontrarle un propósito a la existencia post-desastre, Guy Pearce como su padre, y Benedict Wong haciendo de un granjero que se convierte en un aliado clave. Olvídense de los filtros de color sepia, las cenizas y los cielos plomizos: los primeros adelantos de la película muestran paisajes con verdes rabiosos, cielos limpios y una naturaleza que respira con fuerza. La Tierra sigue su curso, y ese tono contemplativo domina el ritmo de la narración.

Mención aparte merece Jasper, el perro de Hig. Lejos de ser un mero accesorio en el póster, el animal funciona como el verdadero ancla psicológica del protagonista. Representa el último puente con el mundo de antes, ese que se destruyó, y se convierte en un espejo de cómo las mascotas fueron el salvavidas emocional de tantos humanos durante los momentos más duros de aislamiento y soledad.

Una voz en el desierto y el viaje hacia lo desconocido

La rutina de Hig da un vuelco de 180 grados cuando, de la nada, capta una misteriosa transmisión de radio en una frecuencia que creía muerta. Ese parpadeo de estática abre la posibilidad de que exista una comunidad organizada allá afuera. Para comprobarlo, el protagonista tendrá que juntar coraje, vencer la inercia del miedo y abandonar la zona de confort de su refugio fortificado. Scott insiste en que este viaje es la metáfora perfecta de la fe y la búsqueda de sentido cuando todo parece perdido.

A diferencia de los tanques de acción actuales que buscan el impacto inmediato a fuerza de CGI y explosiones cada cinco minutos, The Dog Stars prefiere jugar en la cancha de los dilemas íntimos. La tensión pasa por saber en quién confiar, cuánto cuesta mantener la cordura y qué tan profundo es el deseo de reconstruir una sociedad. El director ya avisó: hay violencia, claro, porque los Segadores son una amenaza real, pero el corazón del film es puramente emocional y maduro. Quienes vayan al cine esperando un festival de tiros se van a encontrar, en cambio, con una película pausada, respetuosa de la prosa de Heller y enfocada en lo humano. Una propuesta ideal para el espectador que busca algo más que simple entretenimiento pochoclero.