Cine

¡El drácula de la moda regresa! “El Diablo Viste a la Moda 2” lanza su primer teaser

Meryl Streep y Anne Hathaway se reúnen casi dos décadas después, pero ahora la verdadera villana es la digitalización. Miranda Priestly se enfrenta a la obsolescencia de Runway, a nuevos rivales online y a una Emily Charlton más poderosa que nunca. El glamour de la prensa impresa está en cuidados intensivos.

4 de diciembre de 2025

Prepárense para desempolvar sus botas Chanel, porque la secuela que nadie creía que sucedería ya es una realidad. El primer adelanto de “El diablo viste a la moda 2” ha generado un terremoto en el fandom, reviviendo la dupla explosiva de Meryl Streep (Miranda Priestly) y Anne Hathaway (Andy Sachs) en lo que promete ser la comedia dramática más esperada de 2026. La fecha para marcar en el calendario es mayo de 2026, cuando la película llegue a los cines dispuesta a actualizar la eterna rivalidad del fashion world.

Pero las dinámicas han cambiado, y los nuevos rivales ya no usan tacones de aguja, sino algoritmos. La secuela nos presenta a una Miranda Priestly batallando por mantener el trono, mientras Emily Charlton (interpretada nuevamente por Emily Blunt, cuya ausencia en el cast de la nota original fue notable, pero que asumiremos que regresa por el peso de la franquicia) parece haberse convertido en una ejecutiva temible, dejando a Andy Sachs en su propia trayectoria editorial.

La prensa impresa: ¿Un cadáver con manicure?

El núcleo dramático de la trama es terriblemente actual: la lucha desesperada de Miranda Priestly por evitar que la revista Runway se convierta en una reliquia en un planeta dominado por lo digital, los influencers y el frenético ritmo de las redes sociales.

Este dilema no es solo una excusa argumental; refleja la dolorosa realidad que han vivido revistas de moda y editoriales icónicas del siglo pasado. La digitalización ha reducido drásticamente la relevancia y el tiraje del papel.

Este contexto obliga a la temida jefa de Streep a tomar decisiones humillantes, como mendigar por fondos publicitarios que, irónicamente, son gestionados por su antigua y maltratada asistente Emily, quien ahora es una pez gordo en un poderoso conglomerado de lujo. El destino de Runway pende de un hilo, y ese hilo está conectado a un cable USB.

Un elenco de lujo con ausencias significativas

Los fans de la primera parte tendrán su dosis de nostalgia: regresan Stanley Tucci como el irremplazable Nigel Kipling, junto a Tracie Thoms y Tibor Feldman. Pero la secuela no escatima en fichajes de prestigio.

Entre las caras nuevas que se suman al casting tenemos a Kenneth Branagh, quien debuta en el papel del esposo de Miranda. El misterio se cuece con la incorporación de Simone Ashley (Bridgerton) y Lucy Liu, cuyos roles se mantienen en secreto, lo que ya genera especulaciones sobre si serán nuevas rivales de Andy o minions de Miranda. Además, la lista de cameos y roles secundarios es impactante: Lady Gaga, Pauline Chalamet (la hermana de Timothée), Justin Theroux y B.J. Novak (de The Office), prometiendo una diversidad de tonos y perspectivas. Patrick Brammall se suma como el nuevo interés romántico de Andy, marcando un claro corte con su pasado sentimental.

Aquí llega el detalle más comentado: la ausencia de Adrian Grenier, quien interpretó a Nate, el polémico novio de Andy en la primera película. Su exclusión es un guiño evidente a los debates contemporáneos sobre las relaciones tóxicas y el papel del apoyo sentimental en la ambición femenina. Al enfocarse en dilemas laborales y aspiraciones personales, El diablo viste a la moda 2 busca conectar con la audiencia original y, al mismo tiempo, ser relevante para una nueva generación que valora la independencia y la ambición sin culpas.

La relevancia de la secuela y la paradoja de la nostalgia

El anuncio del adelanto ha explotado las redes sociales. Las frases icónicas y las escenas de la primera película se han vuelto virales de nuevo, demostrando la vigencia del filme original. El hecho de que la secuela aborde la decadencia de la prensa escrita, la agresiva competencia publicitaria y el liderazgo femenino añade una capa de relevancia contemporánea que va más allá de la moda.

Para quienes crecieron con El diablo viste a la moda, esta actualización refleja sus propias inquietudes: la necesidad de reinventarse en el trabajo, el valor de las redes profesionales y cómo la revolución digital ha afectado sus carreras. La introducción de figuras conocidas del entretenimiento moderno amplía el atractivo y responde a la demanda de narrativas que integran la diversidad y la ambición sin depender de guiones anticuados.

Paradójicamente, la serie promueve la historia de la digitalización y el cambio, mientras que su propia promoción se basa en el factor nostalgia y el reencuentro del cast original. Este recurso es un espejo de la propia industria del entretenimiento, que lucha por renovarse plenamente sin dejar de explotar los éxitos del pasado. Miranda Priestly estaría orgullosa (y quizás un poco irritada) por la movida.