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Cillian Murphy se desnuda en ‘Steve’: El oscuro retrato de la fragilidad masculina y la exclusión social en la Gran Bretaña de los 90

Adiós al brillo de Oppenheimer. El reciente ganador del Oscar se une a Tim Mielants para adaptar la novela Shy, de Max Porter, y sumergirse en la angustia de un director escolar. Una película ambiciosa que, en lugar de juzgar, ilumina la trastienda emocional de los cuidadores abandonados por el Estado.

1 de octubre de 2025
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El fenómeno Cillian Murphy no se detiene. Tras la apoteosis de los Oscar por su rol como J. Robert Oppenheimer, el actor irlandés se desprende del glamour nuclear para anclarse en un crudo drama de realismo social. Steve, la nueva producción original de Netflix, que debuta globalmente el 3 de octubre tras su aclamado paso por el Festival de Berlín, es mucho más que el vehículo de un actor premiado; es una inmersión visceral en la decadencia de los internados británicos de los años noventa y un pulso existencial entre el abandono juvenil y el agotamiento adulto.

Bajo la dirección de Tim Mielants (con quien Murphy ya coincidió en el set de Peaky Blinders), la película se configura como la esperada adaptación de Shy, la novela de Max Porter, quien también asume el guion. El film se presenta como una radiografía de la vulnerabilidad en un contexto de crisis educativa y exclusión, desafiando las convenciones del cine social contemporáneo con una propuesta visual y narrativa de alta tensión.

La historia se comprime en apenas un día de furia, siguiendo la estela de Steve (Cillian Murphy), director de un centro de reinserción para jóvenes en riesgo, que ve cernirse sobre su institución la sombra ineludible del cierre. Mientras este gestor intenta desesperadamente salvar el colegio, debe enfrentarse a su propio abismo de salud mental. La película plantea, sin concesiones, un escenario donde la sociedad parece haber tirado la toalla con los alumnos y, más peligrosamente aún, con el personal que intenta sostenerlos. Frente a Steve, emerge Shy (Jay Lycurgo), un adolescente que encarna esa lucha interna entre la extrema fragilidad y los recurrentes impulsos autodestructivos, atrapado entre un pasado turbulento y un futuro incierto.

El elenco, elegido con precisión quirúrgica, incluye a nombres sólidos como Tracey Ullman, Simbi Ajikawo y Emily Watson. Sin embargo, el impacto recae en el grupo de jóvenes actores noveles, seleccionados precisamente por la autenticidad que aportaban para reflejar la realidad de aquellos internados. Mielants maneja la cámara con un tono que oscila entre la intensidad explosiva y la pausa reflexiva, buscando que el espectador no solo observe, sino que sienta la incertidumbre y la carga emocional de estos personajes al límite.

La Trinchera del Educador: Un Giro de Guion con Propósito

El origen de la adaptación de Shy es tan fascinante como el film mismo. La colaboración surgió de un contacto directo entre Murphy y Max Porter. Cansado tras una racha de proyectos demandantes, Murphy propuso a Porter un audaz cambio de foco: centrar el guion en la perspectiva del adulto responsable. Esta decisión fue inspirada por testimonios de profesores y cuidadores reales que se sintieron reflejados en la novela original.

El resultado es un punto de vista raramente explorado en el cine social: la angustia cotidiana de directores y maestros. Murphy, que además es hijo de docentes, inyectó una sensibilidad particular al papel de Steve, consciente del desgaste emocional que conlleva trabajar en entornos donde la juventud está expuesta a la violencia y la marginación.

La búsqueda de autenticidad se extendió al proceso de rodaje. El equipo, con Porter implicado hasta la médula, realizó talleres y entrevistas con jóvenes sin experiencia actoral, integrando sus vivencias genuinas en la construcción de los personajes. Más aún, la filmación se llevó a cabo en orden cronológico, permitiendo a los intérpretes acompañar la evolución emocional de sus roles y proyectar la sensación de incertidumbre que domina toda la trama. Para Porter, darle voz a “los adultos responsables en instituciones similares” era una deuda, motivando la reescritura para rescatar a una generación de educadores que suelen ser relegados a un segundo plano en los relatos sobre exclusión.

Los Noventa: El Telón de Fondo Político

La dimensión sociopolítica de Steve es fundamental. Ambientada a mediados de los noventa en el Reino Unido, la película utiliza esta distancia temporal no solo por estética, sino para evidenciar las cicatrices dejadas por los recortes en el estado de bienestar y la paulatina desaparición de las infraestructuras sociales de apoyo.

El relato, de manera inteligente, evita el panfleto y la denuncia directa. Prefiere mostrar las consecuencias devastadoras: cómo la eliminación o debilitamiento de instituciones vitales, como la escuela de Steve, afecta de forma irreversible tanto a los jóvenes más vulnerables como a quienes dedican su vida a ellos. Un recurso narrativo brillante es la inclusión de un equipo de documentalistas dentro de la propia trama, lo que permite incorporar testimonios ficticios, pero dolorosamente verosímiles, de alumnos y maestros. Esto genera un mosaico de voces que refuerza el realismo e invita al espectador a trazar paralelos con su propia realidad.

Entre los temas centrales, el film aborda el acoso escolar, la violencia y, notablemente, la fragilidad masculina. Y lo hace con una perspectiva que los desvincula de la era digital, subrayando que estos problemas no son una novedad del smartphone, sino parte de una historia social más profunda, marcada por la exclusión y la escasez de recursos. El caso de Steve es un nudo que conecta la política con lo doméstico: demuestra cómo las decisiones macro repercuten en familias que dependen de esas instituciones y en comunidades que pierden sus puntos de referencia social.

Murphy resumió la filosofía del proyecto con una claridad admirable, al explicar que el objetivo era “contar la historia de una manera suave, delicada, dejando suficiente espacio para que el público… para entrar en ella y encontrar su propio camino en las historias”. Esta aproximación se ve plasmada en la dirección de Mielants, que utiliza magistralmente los silencios y las microacciones para capturar la inmensa carga emocional del relato.

Steve, que inicia su recorrido internacional en Netflix este 3 de octubre, no es solo un drama intenso; es una necesaria invitación a la reflexión sobre la urgencia del diálogo social y la protección de los sistemas de inclusión, colocando en el centro de la narrativa la doble fragilidad de los jóvenes y el desgaste silencioso de los adultos responsables.