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Cianuro y masas finas: Netflix sirve hoy el té con el estreno de “Yiya Murano: Muerte a la hora del té”

La "Envenenadora de Monserrat" llega a la plataforma de la mano de Alejandro Hartmann. Un documental que promete ir más allá del mito pop para diseccionar la manipulación, el contexto de la dictadura y un legado familiar marcado por el veneno.

23 de abril de 2026

El día llegó. A partir de hoy, 23 de abril, el catálogo de Netflix suma un nuevo capítulo a su antología de la infamia argentina. “Yiya Murano: Muerte a la hora del té” no es solo otra reconstrucción de un crimen; es el intento definitivo por entender cómo una mujer pudo asesinar a sus tres mejores amigas por una deuda de dinero, mientras el país miraba hacia otro lado en plena dictadura.

Dirigida por Alejandro Hartmann y producida por el tándem de Haddock Films y Vanessa Ragone —los mismos detrás de los éxitos sobre Cabezas y María Marta García Belsunce—, la película aterriza con la chapa de haber pasado por el BAFICI hace apenas unos días. Y si algo nos enseñaron las producciones previas de este equipo, es que aquí no hay verdades masticadas, sino una autopsia rigurosa a la sociedad que creó (y luego abrazó) al monstruo.

Testimonios desde el epicentro del dolor

Lo que separa a este documental de cualquier especial televisivo de los años 90 es su acceso a las fuentes. El proyecto logra algo difícil: sentar frente a cámara a Martín Murano, el hijo de Yiya, cuya relación con su madre ha sido uno de los traumas públicos más comentados de la crónica roja. Junto a él, figuras como Chiche Gelblung, Osvaldo Bazán y Virginia Messi aportan contexto a un caso que mutó de triple homicidio a fenómeno mediático bizarro.

El documental no se queda solo en el té y el cianuro de 1979. Traza un arco fascinante (y perturbador) hasta la década del 90, cuando una Yiya recién liberada se paseaba por los programas de chimentos, regalaba bombones a los conductores y se convertía en una suerte de “abuelita letal” que la cultura pop argentina adoptó con una mezcla de morbo y humor negro.

Un equipo que ya conoce el “True Crime” criollo

Netflix ha encontrado una mina de oro en el crimen real argentino, y Hartmann es su minero más experimentado. Con antecedentes como Carmel y El fotógrafo y el cartero, el director aplica aquí su fórmula de “reconstrucción ética”: usar archivos inéditos y testimonios directos para desmontar la caricatura y revelar el trasfondo económico y la manipulación emocional que Yiya ejerció sobre Nilda Gamba, Lelia Formisano y Carmen del Giorgio de Venturini.

La narrativa nos transporta al barrio de Monserrat, donde la confianza se pagaba con la vida. El uso de recreaciones visuales de alta calidad y una investigación periodística que incluye a voces como Candelaria Botto y Rodolfo Palacios, asegura que el espectador que ya “conoce” la historia encuentre detalles técnicos y judiciales que hasta ahora habían quedado bajo la alfombra de la impunidad del beneficio del “dos por uno”.

La mujer detrás de la leyenda

Para el público global que hoy descubre a María Bernardina Bolla Aponte de Murano, el documental sirve como una radiografía del mal ordinario. Condenada a perpetua en 1985 (tras una absolución inicial que hoy suena ridícula) y liberada en 1993, Yiya murió en 2014 en un geriátrico de Belgrano, sola y envuelta en el misterio que ella misma alimentó hasta su último suspiro.

“Muerte a la hora del té” se posiciona desde hoy como el estreno de no ficción más potente del semestre. No es solo un viaje al pasado; es una pregunta incómoda sobre nuestra propia fascinación con el horror.

Si vas a darle al play esta tarde, un consejo: mejor que el té y las masas finas los traiga otro.